La máscara de Omulu
En 1999 yo desembarcaba en Europa viniendo de Brasil para una nueva vida. Llegué a
pensar que tendría esta vida volcada a la universidad y al mundo académico. Un
pensamiento equivocado, como muchos otros que me han acompañado desde entonces.
De aquella época de estudios dedicados a la Historia de África guardo buenos
recuerdos. Uno de ellos es un pequeño ensayo que escribí sobre la Máscara de
Omulu. El ensayo está perdido. Y el viaje que empiezo aquí, sin más método que
la memoria afectiva, es una propuesta de Fuen, mi profesora de Teoría Teatral
de la Escuela Navarra de Teatro. No sé bien como terminará este viaje. Sea como
fuere, desde ahora es ya una aventura.
Omulu es uno los dioses africanos, un orisha, con más devotos entre las poblaciones Yoruba, Fon y Ewe, en África Occidental,
actuales territorios de Nigeria y Benin. La deportación forzada de africanos a causa de los
crímenes de la trata llevó para el Nuevo Mundo también nuevos dioses. Y así como
el blues unió espiritualmente a los negros en los grandes espacios de América del
Norte, el culto a los orishas entrelazó una inmensa red mágico-afectiva entre los afrodescendientes que
conectó los territorios de las Antillas (Cuba y Haití), con Venezuela, partes
del Perú y Brasil haciendo que sus poblaciones compartiesen la misma visión del
mundo. La máscara de Omulu flota sobre esa inmensidad a través de su culto. Hay
un puente contínuo que une Salvador de Bahía, Caracas y La Habana. Se canta en
la misma ancestral lengua africana y se baila la misma danza en sus terreiros o santerías.
¿Qué es lo que hay por detrás de esta máscara? ¿Cuál es su función simbólica? ¿Por
qué invocarla aquí y ahora? Son preguntas a las que buscaré respuestas…

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